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El ser humano tiene un repertorio de instintos y conductas automáticas que en cierta medida compartimos con el resto de los animales en la naturaleza. Generalmente son respuestas que no pasan por la corteza cerebral, por lo que el razonamiento no está involucrado en el proceso. Este suele ser el motivo por el que creemos que no tenemos ningún control sobre lo que nos sucede. Y no podríamos estar más equivocados.

Por supuesto que la reacción inicial es espontánea. Por ejemplo, súbitamente a cierta hora determinada del día, sentimos hambre. No lo podemos evitar. Nuestro organismo nos indica que ha pasado un lapso suficiente desde nuestra última comida y que requiere nuevamente de nutrientes. Despliega una serie de procesos bioquímicos, que nosotros interpretamos como hambre.

De la misma manera, el impulso sexual está determinado por el nivel hormonal, por la maduración fisiológica y un conjunto de diferentes mecanismos que en ocasiones, sin previo aviso, ante ciertos estímulos, provoca que nos sintamos atraídos hacia una persona. Y, como con muchos de los procesos biológicos, no podemos elegir “sentir” o no esta atracción.

Pero la persona humana no es la suma de sus reacciones a distintos estímulos. Nosotros, a diferencia del resto de los animales, podemos interpretar y darle un significado específico a lo que estamos sintiendo, para sopesar lo adecuado o no de la acción que estamos considerando tomar. Nos distinguimos por elevar cada conducta a un nivel en el que adquiere un significado, y de esta manera alcanza un valor y esa conducta nunca vuelve a verse de la misma manera. Por ejemplo, a pesar de que todos los animales comemos, para las personas hay comidas para celebrar cumpleaños, existen las “cenas románticas” para un matrimonio, los alimentos que consuelan y los que nos recuerdan a un ser querido… para los animales, el alimento es sólo energía para su supervivencia.

En situaciones tan importantes como el actuar hacia quien nos atrae sexualmente, no deberíamos de basarnos en lo que sentimos en un momento dado. Porque la conducta sexual involucra TODA nuestra persona, cuerpo y espíritu, ésta debe estar siempre mediada por nuestro razonamiento y por lo que sabemos que nos podrá construir un futuro feliz y trascendente. El resultado de nuestro comportamiento debe ser congruente con el valor que le damos a todo lo que hacemos. Es así que debemos de tener claro lo que queremos que sea nuestro futuro: ¿quieres encontrar a un verdadero compañero para toda la vida?, ¿quieres una mujer a tu lado con la que puedas formar una familia estable, cercana y feliz? Pues bien, este resultado requiere de planeación, esfuerzo, paciencia y mucha inteligencia. Por supuesto, el sentimiento (verdadero amor) es indispensable para que la fórmula funcione, pero no es el único ingrediente necesario. Actuar ante la atracción inicial, empezando una relación sexual, impulsivamente, tiene consecuencias muy dolorosas para todos los involucrados.

La atracción sexual suele ser el primer paso. Alguien nos gusta y nos motiva a conocerlo más profundamente. Y se empieza a construir una relación. Pero una vez que hemos elegido a alguien y hemos comprometido nuestra vida en matrimonio, tenemos que tener siempre presente que seguiremos sintiendo atracción sexual, idealmente hacia nuestro cónyuge, pero también hacia algunas personas que nos resultan agradables a la vista o de grata personalidad. Y es ahí en donde entra en juego la fortaleza de carácter, la firmeza de los principios y la claridad del objetivo: ser personas íntegras, construyendo un buen destino. Eso significa no actuar basada en los sentimientos, sino en los razonamientos.

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Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Junio, 2009


Comentarios

  1. me gusto mucho lo leido orienta mucho para saber mas de las reacciones humanas

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