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Esta es una palabra que se ha ido perdiendo a través de los años, especialmente en una época como la nuestra, en que la velocidad en que nos movemos no nos permite detenernos a pensar en términos o situaciones que pudieran quitarnos nuestro valioso tiempo.

Por supuesto, bebés y niños nos inspiran gran ternura. De esa que surge y se expresa espontáneamente. De la que yo estoy hablando, es la que deberíamos demostrar entre adultos. Con nuestra pareja, nuestra familia, nuestros amigos.

No se confundan, a mí me gusta lo cursi o melodramático. No soy de las personas que lloran en las películas románticas. Pero soy una convencida de que el constante contacto físico ayuda en gran medida a tener buenas relaciones interpersonales. Que tiene el poder de disminuir la tensión ante una situación determinada, y acerca a dos personas a pesar de que pudiera haber grandes diferencias entre ellos.

Rozar un brazo, tocar el pelo, sonreír viendo a alguien directamente a la cara. Todo esto son ejemplos pequeños que expresan atención, cercanía y ternura. No hay más ciencia. Pero es nuestro miedo a la intimidad, lo que nos detiene.

Sentirnos vulnerables y expuestos es una razón poderosa para alejarse. Pero no hay manera tener una verdadera compañera, un amigo y pareja cercana, si no estamos dispuestos a la cercanía que representa el expresar que el otro nos importa. Toda relación implica un riesgo. En el trabajo, en la familia, en la pareja. En todas nos exponemos a ser lastimados o rechazados en un momento dado. Reducimos en gran medida este peligro cuando nos dedicamos a reforzar nuestras relaciones.

“El que no arriesga, no gana”, dice el refrán. Pero arriesgarse a lo tonto no tiene sentido. Siempre hay que tomar “riesgos calculados”. Preparar el escenario de tal manera que podamos reducir las posibilidades de rechazo, de desamor. Y depende en gran medida de nosotros, no de los demás. Tenemos la absoluta capacidad de construir nuestro destino. Al elegir nuestra pareja, al decidir nuestro comportamiento, nuestras palabras, gestos y actitudes, estamos armando, poco a poco, nuestro futuro.

Entonces, sólo hagamos lo que acerque y construya. Sólo digamos lo que nos unirá más a nuestros seres queridos. Sólo actuemos de acuerdo a lo que fortalecerá nuestras relaciones. Desechemos cualquier conducta, actitud o pensamiento que no siga este lineamiento. Y, si además de concentrar nuestra atención a este objetivo, lo rodeamos de contacto físico, estaremos en el camino adecuado para entablar relaciones estables, permanentes, que nos hacen felices.

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Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Septiembre, 2008


Comentarios

  1. Hola muy buenas noches, saludos desde Venezuela, quiero resaltar acá que me parece maravilloso leer estas lineas tan frescas sobre esa palabra que a muchos roba de cierta forma “ternura”, desde hace 2 años vengo escuchando la diversidad de episodios, y a pesar de que no sabia sobre su existencia, buscaba métodos para mantener mis valores como persona, felicito honestamente a la encargada, la Sra. Monica por tan majestuosa labor, deseo y esto siga siempre en pie y algún día poder conocer, sin mas que acotar, un abrazo, se despide: Yessica.

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