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La búsqueda de la felicidad es el motor que nos mueve diariamente. Nuestro trabajo, la pareja que elegimos, nuestros pasatiempos, etc. Todo va dirigido a encontrar esa sensación de satisfacción, de contento con quienes somos y lo que hacemos. Incluso, nuestras creencias religiosas nos impulsan a hacer trascendentes nuestras actividades, a ir más allá de nosotros mismos, con el fin de obtener la felicidad verdadera.

Lo curioso es lo difícil que nos resulta alcanzarla. Pareciera que el significado no es claro, o que fácilmente nos dejamos engañar por caminos que “parecen” llevarnos a encontrarla, pero que en realidad nos desvía y aleja del fin que originalmente anhelamos. Y lo que con más frecuencia sucede es que las decisiones se basan en la inmediatez, en lo “bien” que nos “sentimos” al momento de realizar algo. Le otorgamos gran peso a esa sensación agradable que nos produce un acto determinado.

El problema reside en que las sensaciones y sentimientos no son racionales. Son incapaces de evaluar, concretamente, las ventajas o desventajas de una acción, o las objetivas consecuencias de un acto específico. Por lo tanto, al hacer algo exclusivamente porque “es divertido” o porque “me siento muy bien”, corremos el riesgo de sufrir un desenlace que nos lastime o, peor aún, cambie negativamente el feliz destino que habíamos planeado.

Así es que, para lograr ser felices, debemos de ser inteligentes. Nuestro cerebro debe estar tan involucrado como nuestro corazón en la toma de decisiones. Cada acción que tomamos, debería ser evaluada con una sencilla pregunta: ¿Me acerca o me aleja al objetivo que me había planteado en mi proyecto de vida? Obviamente, si nos aleja, hay que tener la fortaleza para detenernos y hacer otra cosa. Porque en la construcción de nuestro destino, no hay “fórmulas mágicas” que, sin esfuerzo alguno, hagan aparecer cosas buenas en nuestra vida. Hay que trabajar por ellas. Y en el sacrificio, el autocontrol y el empeño, nos fortalecemos en el camino y resultamos más preparados para reconocer lo que verdaderamente constituye la felicidad.

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Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Diciembre, 2008


Comentarios

  1. Pues a mi parecer tu puedes encntrar tu propia felicidad buscando la paz interna y consiguiendo asi tu felicidad sin tener problema alguna

    P.D: Los Wookies mandan…grrrr¡¡¡¡¡¡¡

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