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Tristemente, escuchamos con frecuencia historias sobre infidelidad. Las hay sobre celebridades y figuras tan influyentes como presidentes de potencias mundiales, y también las encontramos dentro de nuestro círculo familiar o social. Incluso podría ser alguna experiencia personal de algún lector de este artículo.

¿Por qué alguien está dispuesto a arriesgarlo todo: matrimonio, familia, trabajo, tranquilidad, reputación, etc., por unos minutos de satisfacción sexual? ¿Qué es lo que motiva a un hombre o a una mujer a ser infiel?

Por razones evidentes, se percibe como una de las traiciones más determinantes que lastiman la relación para siempre, aún cuando la pareja decida permanecer junta, después de conocer el adulterio. Por esta razón, es de vital importancia para la supervivencia del matrimonio el que podamos definir las causas que pudieran originar el que uno (¡o ambos!) decida cometer este acto de deslealtad. Conociendo las situaciones que pudieran promover este comportamiento, podemos prevenir que ocurra y de esta manera proteger más efectivamente nuestra relación de pareja, y por consecuencia, a nuestra familia.

El primero punto a considerar es el marco de valores de la persona infiel. Es frecuente que lo que suceda es que, quien comete este tipo de faltas en una relación, muestre problemas de formación que vienen desde mucho tiempo antes que se constituyera la pareja. En estos casos, la única manera de evitar sufrir una infidelidad por parte de una persona así, es el de detectar las señales de alarma durante el noviazgo, y terminar con la relación. A menos que ocurra una transformación que implica mucha introspección y trabajo personal, es muy difícil que un adulto cambie los principios en los que fundamenta su vida. Casarse con alguien que no demuestra convicciones honorables, es un riesgo que no vale la pena correr.

Las infidelidades pueden ocurrir con múltiples personas, o con una sola durante un largo período de tiempo. Cuando se está casado con un “infiel crónico” (resaltando que la deficiencia está en la debilidad de carácter, y no en una “adicción sexual”, como ahora le han querido llamar), suele reconocer su falta una vez que ha sido descubierto, y aunque pudiera pedir disculpas y decir que quieren reparar el daño, en poco tiempo podemos comprobar que no tiene la sincera intención de hacerlo. Con frecuencia, el matrimonio termina tiempo después, con mayor resentimiento y desgaste emocional.

Por otro lado está el caso de quien este tipo de acciones no entra en su patrón normal de conducta. Es el hombre o la mujer que por diferentes motivos (alejamiento físico y/o emocional en el matrimonio, o sencillamente un franco momento de estupidez) tiene un episodio de infidelidad. En personas con una formación en valores y con un carácter fuerte, suele vivir terribles remordimientos, confiesa su falta y suplica perdón. Tiene una real disposición por hacer lo posible por recuperar la confianza perdida y puede aceptar las condiciones que la pareja le estipula para poder seguir juntos. Aquí, la relación sólo se salvará si los dos cónyuges son persistentes en sus esfuerzos por salvar su matrimonio.

Un aspecto indispensable a considerar para lograr la reconexión real de la pareja, es que la persona que sufrió la infidelidad analice y acepte las conductas y actitudes que pudieron provocar dicha falta. Este es un giro muy importante al análisis de la infidelidad, ya que pone a ambos cónyuges como responsables de la deslealtad. Cuando hablo de un “alejamiento físico y/o emocional” en el matrimonio, me refiero precisamente a este descuido que ocurre por actitudes y conductas negativas, o simple desgaste de la monotonía familiar. En todo caso, son circunstancias que, una vez identificadas, pueden modificarse para fortalecer la unión de la pareja. La clave está en que ninguno asuma una posición de “víctima”, ni de “victimario”, sino que ambos reconozcan la gravedad de sus acciones y trabajen para modificarlas.

Es importante aclarar que la infidelidad NUNCA se justifica. No hay razón que pueda hacer de un engaño algo excusable. Sin embargo, con frecuencia puede entenderse. El control desmedido, el desprecio, la falta de respeto, la indiferencia, incluso la falta de atención y apreciación, suelen ir minando la relación, alejándola de tal manera, que un tercero puede interponerse con relativa facilidad. Esto, por supuesto, no debe de minimizar la seriedad de un engaño. Hay muchas maneras de resolver el desmoronamiento de una relación. La infidelidad no debe ser nunca una de ellas.

Pero cuando las dos partes entienden sus errores, asumen la responsabilidad de sus acciones y trabajan por cambiar, la pareja tiene grandes probabilidades de permanecer unida, con una relación incluso más fortalecida que antes.

Esto no es fácil, pues hay gran dolor, desilusión, frustración y enojo en medio de todo el proceso de perdón y reconciliación. Incluso puede requerir de apoyo terapéutico por una temporada. Pero sólo será la verdadera disposición de cada uno de los cónyuges lo que permita reconstruir lo que tan seria y profundamente ha sido dañado. Esta es una de las más fuertes adversidades a las que se enfrentará una relación de pareja, y requerirá de toda la fortaleza, generosidad y verdadero amor de ambos, para lograr subsistencia.

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Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Enero, 2008


Comentarios

  1. muy cierta esta informacion, uno puedo evitar un trago amargo si antes analizamos la clase de pareja que tenemos durante el noviazgo, tristemente venimos dandonos cuenta cuando es demasiado tarde, a poca gente se le olvida que la vida de matrimonio es pra toda la vida y que se riega dia a dia con detalles

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