Enviame
tu Pregunta
Último
Episodio

Desde pequeños nos enseñan que hay que respetar a los demás. También nos explican que toda persona merece nuestra consideración. Sin embargo, es frecuente que algunas personas no tengan claro la manera en que pueden ganarse esta deferencia.

Se enfrascan en relaciones conflictivas, en donde la discusión es cotidiana y en cada pleito se reparten ofensas y descortesías por parte de todos los involucrados. En otros casos, sienten que son tratados groseramente por amigos, familiares y conocidos: los dejan plantados, sus opiniones no son tomadas en serio, y en general no se sienten respetados por quienes los rodean. Después de cada evento, sólo son algunos los que deciden conversar y exponer su queja, tratando de que la misma situación no se repita, encontrándose nuevamente, después de un tiempo, sufriendo de las mismas circunstancias.

Nadie resiste mucho tiempo con este tipo de relaciones. Se acumulan resentimientos y la percepción de nosotros mismos puede verse seriamente dañada. Entonces, para encontrar una solución más definitiva, tenemos que analizar dos posibilidades. De acuerdo a la que más se acerque a lo que está sucediendo, sabremos elegir el camino para obtener el mejor resultado.

En primer lugar, puede ser que nosotros estemos provocando las condiciones para que esto suceda. Nuestro comportamiento no es el de una persona íntegra y responsable, digna de un trato a ese nivel.

El respeto se gana. Se obtiene cuando mostramos un carácter fuerte; cuando hacemos cosas que nos hacen sentir orgullosos de nosotros mismos; cuando vencemos una dificultad a base de disciplina y voluntad… En pocas palabras, se obtiene respeto cuando empezamos por respetarnos a nosotros mismos. Parece contradictorio, pero es verdad: la autoestima sana “emana” hacia afuera. Se transmite cuando lo reflejamos en nuestra conducta y nuestra actitud ante la vida. Cuando somos personas honorables, no es necesario exigir respeto. Lo obtenemos como natural consecuencia.

La buena noticia es que podemos empezar en cualquier momento a ser esta persona que deseamos ser. Sin importar la que haya sido nuestra historia o las circunstancias en las que nos encontramos en este momento, A PARTIR DE HOY podemos empezar el cambio personal hacia el fortalecimiento de quienes somos. Y el secreto está en hacer lo correcto. No lo que quiero; no lo que me “dan ganas” de hacer. Sencillamente lo que sé que será lo mejor para todos, independientemente de los sentimientos que pudieran obstaculizar que se logre este resultado. Y no se requiere esperar a que ocurran grandes acontecimientos para probar nuestra honorabilidad. En las pequeñas actividades cotidianas podemos demostrarlo: actuando siempre con honradez (especialmente cuando nadie nos observa), siendo educado aún cuando estamos molestos, cumpliendo con nuestras obligaciones y, en general, teniendo un trato justo con los demás. Por supuesto que habrá cosas que cuesten trabajo, pero es precisamente en este esfuerzo en donde será medida nuestra fortaleza de carácter, resultando en la consolidación de nuestra autoestima.

Poco a poco se irán instalando estas conductas de tal manera que, cuando menos nos demos cuenta, nos sentiremos muy satisfechos con nosotros mismos y la gente percibirá esta actitud. Esto deberá originar más respeto de quienes nos rodean.

En el segundo caso a considerar para elegir una estrategia de solución, estamos involucrados de manera indirecta. En esta situación, hemos entablado una relación con una persona poco educada y de un frágil marco de valores. Al convivir con ella, no somos nosotros, sino su propia historia y personalidad la que hace que reaccione de una manera que refleja el poco respeto que siente por conocidos y desconocidos.

Obviamente, dependerá de ese individuo el que logre cambiar su conducta. No importa lo que nosotros argumentemos para que se detenga, si no está dispuesto a hacerlo, nunca ocurrirá. Seguiremos sufriendo de constantes faltas de respeto. Entonces, ¿qué podemos hacer en este caso? La decisión está en el grado de cercanía que tendremos con esa persona. Podemos medir qué tan involucrados estaremos y, por lo tanto, qué tanto estaremos dispuestos a aceptar. Si elegimos continuar con la relación, a pesar de que ya hubo muestras claras del maltrato que tiene esta persona hacia los demás, entonces también hemos decidido “pagar el precio” que significa continuar cercano: soportar, sin mayores quejas, la forma de actuar del otro.

______________________________________________________

Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Septiembre, 2009


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *