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¿Cómo puedo saber si estoy deprimida o si sólo estoy pasando por una temporada triste? Realmente el término se ha vuelto tan conocido, que con frecuencia se confunde su diagnóstico y, por lo tanto, se equivoca el tratamiento.

Primero necesitamos saber lo que es la depresión, para estar seguros de que estamos sufriendo de esta condición. La depresión es un desorden emocional, en el que la persona pierde interés por lo que le rodea, está triste, se modifican sus patrones de sueño y hambre, presenta baja autoestima, desesperación y, en general, es negativa y pesimista. En algún momento de nuestra vida, todos hemos pasado por un momento depresivo, ya sea como parte de la adolescencia (en donde sufrir periodos de depresión es algo normal y esperado), o como resultado de una muy mala experiencia.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, cerca de 121 millones de personas en el mundo sufren de esta devastadora condición. De hecho, es una de las principales causas de incapacidad laboral que se reporta en la mayoría de los países del planeta. Esto sin mencionar el impacto que tiene en la vida personal y familiar de quien la sufre. De ahí la importancia de atenderla a tiempo, antes de que la condición se establezca y profundice, haciendo aún más difícil la recuperación del deprimido.

Y como ocurre en múltiples condiciones emocionales, la depresión tiene un componente biológico que, de acuerdo a la severidad del caso, requerirá o no, del apoyo de fármacos que ayuden a la persona a recobrar el ánimo perdido. Esto sólo puede evaluarlo un médico, pero para la verdadera rehabilitación, se requerirá de ayuda terapéutica. Es decir, sólo tomar antidepresivos no será suficiente. La persona que sigue este camino, se dará cuenta que, al abandonar el tratamiento alópata (las medicinas), la depresión regresa.

Para un manejo adecuado de una depresión, lo primero que se requiere es información. Es decir, una vez obtenido el diagnóstico, es indispensable que la persona aprenda a reconocer las señales que le indican que se está deprimiendo. Estas varían en cada persona, por lo que es necesario aprender las propias. Para unos, el primero indicio será un mal humor constante; para otras, un claro desinterés por maquillarse, por ejemplo; para el atleta, una flojera enorme por levantarse a hacer lo que normalmente le apasiona… Este es el primer paso a darle la dimensión adecuada a la depresión.

Está ampliamente documentado el hecho de que la mayor responsable de la recuperación de una depresión, es la actitud. Si nos dejamos vencer ante la “enormidad” de un sentimiento, no habrá medicamento o terapeuta que nos saque del abismo en el que hemos caído. Darle proporción al problema, y forzar la mente a pensar de una determinada manera, contrarrestarán los sentimientos de pesimismo y desesperación.

Por supuesto, esta estrategia requiere de trabajo y voluntad pero, ¿qué logro importante no lo demanda? Si queremos dejar de sentirnos hundidos y alejados de la alegría que parece rodear a los demás, debemos hacer un esfuerzo conciente para lograrlo. Conforme pasen los días, nos será más fácil, pues el sentimiento terminará siguiendo a la conducta, y nos sentiremos mejor.

Así que, ¿qué hacer? En realidad no tiene mayor ciencia: hay que hacer lo que sabemos que hacen los que se sienten animados y alegres: trabajar, hacer ejercicio, convivir con amigos y familiares, SONREÍR, cantar… Podríamos sentirnos un poco ridículos, en un momento dado, “actuando” como personas no deprimidas, pero el gran secreto de la vida es muchas veces no tomarnos tan en serio… Cada vez que tengas un pensamiento negativo, haz algo positivo. Recuerda: pensamiento pesimista – acción optimista. Esta es la fórmula para ir fortaleciendo las áreas cerebrales que nos ayudarán a contrarrestar los desbalances bioquímicos que nos hacen sentir mal. No entretengas en tu mente ningún recuerdo que te parezca destructivo, sácalo. Tienes la capacidad para hacerlo, “poniendo” otro pensamiento que lo anule.

Vencer la depresión no está en la calidad del medicamento que tomas, ni en la habilidad del terapeuta para ayudarte. Está absolutamente en la fortaleza de tu carácter y en la decisión que tomes sobre cómo enfrentarás y disfrutarás de la vida.

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Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Marzo, 2008


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