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Pareja


El firmar o no un contrato prematrimonial es un tema que provoca polémica, especialmente para la pareja que está planeando casarse y teme «arriesgar» sus bienes e ingresos en un proyecto que lo pudiera dejar repartiendo el fruto de su esfuerzo y trabajo de años. Como muchas herramientas legales, este instrumento es de gran utilidad para casos específicos y en otros es un obstáculo para un matrimonio duradero y feliz.


El apetito sexual, es decir, el deseo de tener relaciones sexuales, es una característica que compartimos con el resto de los seres del reino animal. Sin embargo, nos distingue como siempre el ejercicio de nuestro raciocinio y voluntad para que, a pesar de las fluctuaciones normales debido a factores como la edad, el estrés, cambios hormonales, etc., podamos controlarlo para establecer relaciones comprometidas y duraderas.


Este es uno de los retos más importantes en cualquier relación. Se requiere de habilidad y práctica para que dos personas con dos estilos particulares se pongan de acuerdo. Pero no es imposible. Miles de parejas se manejan agradablemente aún sabiendo que parten desde perspectivas diferentes al hacer las cosas. El objetivo es que las cosas funciones y que la familia se fortalezca. No se trata de ganar una discusión. No se trata de tener el poder en la relación. La única manera en que un matrimonio se mantiene junto y cariñoso, es logrando una convivencia en donde los dos se sientan escuchados y apoyados.


Con las estadísticas en contra, un segundo matrimonio debe trabajar con más ahínco para permanecer juntos. Idealmente, cuentan con el aprendizaje que les dejó la experiencia anterior, pero también se le presentan obstáculos que no existieron en su primera vez: hijos, excónyuge, una distribución distinta del patrimonio familiar. Todos estos factores tendrán un impacto en su relación. Como en el primero, dependerá de la pareja el salir victoriosa.


Es una época de cambio. Una etapa ideal para definirse como persona y empezar la construcción del propio destino. Estas son cosas positivas y deseables para todo joven. Entonces, ¿por qué es tan temida? ¿Por qué origina, en ocasiones, crisis y serios conflictos entre padres e hijos? El aprender lo más posible sobre lo que sucede durante la adolescencia ayuda a toda la familia a encontrar maneras de manejar mejor un momento crucial en la vida del futuro adulto.


Obviamente, como vivimos buena parte de nuestra vida en casa de nuestros papás, cuando nos casamos solemos sentir que nuestra familia de origen debe tener preferencia antes de las necesidades o planes de mi nuevo esposo o esposa. A pesar de que racionalmente entendemos (¡y decimos!) que él o ella «van primero» y son nuestra familia, nuestra actitud y conducta confirman que seguimos anteponiendo al resto de nuestros familiares. ¿Qué consecuencias tiene esta situación?


Llega una edad en que la cosa se complica. Nuestros hijos son adultos, llevamos muchos años de casados, somos mayores y nuestro cuerpo empieza a tener dolores e incomodidades en lugares que no sabíamos que existían. Y como además la rutina suele volverse agotadoramente monótona, tenemos que redoblar esfuerzos para mantener nuestra relación cercana y divertida. No nos confiemos. El tiempo juntos no es garantía de permanencia; siempre hay que hacer cosas nuevas y agradables para mantener la «chispa» viva en nuestro matrimonio.


Lamentablemente los índices de divorcio suben en muchos países del mundo, pero la razón no es porque el matrimonio ya no funciona, como se dice con frecuencia, sino porque las parejas no están tomándose el tiempo para reflexionar seriamente sobre la elección que están haciendo. TODO lo define a quién eliges y cómo lo(a) tratas. Esta es la fórmula que hace funcionar una relación, y la que puede evitar la devastación personal y familiar que provoca el divorcio.


Cuando sentimos que un problema nos sobrepasa, o sencillamente queremos hacer algo creyendo que podemos controlar o ignorar las consecuencias negativas, solemos evadir la realidad. Es decir, evitamos pensar en lo que nuestro razonamiento nos muestra como prueba objetiva de los problemas que están sucediendo. El problema con esta evación es que tarde o temprano no podemos seguir ignorando lo evidente y nos damos de frente con la verdad. A veces es demasiado tarde para arreglar las cosas, por lo que debemos de ser cuidadosos de no evadir aspectos importantes de nuestra relación.


Los problemas de dinero son la causa de muchas discusiones familiares. Pelear o echar la culpa de lo que hizo o dejó de hacer nuestra pareja, o nosotros mismos, para evitar la crisis económica en la que te encuentras ahora, sólo aumenta el estrés y el alejamiento en la relación. La solución es ocuparse, más que preocuparse. En este programa, se proponen algunas ideas para ayudar a manejar de la mejor manera, este difícil momento.



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