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¿Cuáles son las señales que me indicarían que soy adicto a algo? ¿A una sustancia, a un juego en el celular, a alguna conducta? ¡Escucha este episodio!


Generalmente las personas damos claras señales de quiénes y cómo somos en nuestra relación de pareja; estas conductas y actitudes deberían ser una guía y una señal de alerta para predecir algunos de los serios problemas que potencialmente podría tener la relación.


Las conductas y actitudes de tu pareja significan algo. Su disposición al tratarte y hablarte te indica el estado de tu relación. Aprender a “leer” lo que te quiere expresar tu pareja es fundamental para la salud de tu matrimonio.


Durante la infancia y adolescencia se establecen los cimientos de la autoestima que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida. Por eso, es tan importante que los papás promuevan en los hijos un concepto positivo de sí mismos.


No solo ya se sabe que el cerebro es “plástico”, renovando nuevas conexiones y aprendiendo constantemente, hasta el último día de nuestra vida. Ahora también es conocida la capacidad de la mente para modificar actitudes y conductas que pueden, sorprendentemente, llegar a provocar un cambio neurológico definitivo… ¡buenas noticias para quien quiera cambiar algo que no le gusta de sí mismo!


Quienes sufren de una conducta obsesiva saben que no es tan fácil deshacerse de los vicios. No se trata solamente de tratamiento con fármacos o sólo del ejercicio de la voluntad. Es un proceso largo que requiere de una estrategia concreta de continuará por el resto de la vida, pero con la real posibilidad de que la persona que la mantenga podrá construirse un destino feliz.


En ocasiones pensamos que enseñarles a nuestros hijos buenos hábitos no impactarán en otra área de su vida que no sea la de la conducta específica a la que se refiere: lavarse los dientes, higiene personal; ordenar su habitación, organización… y así sucesivamente. Sin embargo, cada una de las conductas – positivas o negativas – que adquieren nuestros hijos puede determinar de manera importante su futuro.


Definitivamente es más fácil agradecer si lo aprendes cuando eres niño. El hábito se establece desde temprano y se acepta con más naturalidad. Sin embargo, nunca es tarde para sumarlo a nuestro repertorio de conductas. Con el firme propósito de hacerlo y concentrándonos todos los días en dar las gracias y poner atención en apreciar lo que se nos da y lo que tenemos, poco a poco alcanzaremos el objetivo.


Siempre hay que analizar las razones por las cuales nos aferramos a cierta circunstancia, haciéndonos sentir incapaces de dejar de pensar en eso, o de perdonar a alguien por lo que nos hizo o de sentir “amor” por alguien que nos ha tratado muy mal. Siempre se obtiene un beneficio de las conductas que repetimos, incluso las que evidentemente nos son destructivas. Identificar este beneficio nos permite poder controlar mejor la situación y así estar en el verdadero camino de superar un episodio de nuestra vida y dejarlo ir.


En pocas palabras, somos lo que hacemos de nosotros. La visión que tenemos de la vida, y la actitud de los acontecimientos que nos suceden pueden irse modificando de manera que podamos enfrentarlas con más optimismo y entusiasmo. Pero como cualquier habilidad, requiere de práctica para fortalecerse y permanecer en nuestro repertorio de respuestas.



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