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El egocentrismo es una característica necesaria en el sano desarrollo psicológico de un niño, pero si este tema no se maneja adecuadamente, puede extenderse por muchos años más allá de la primera infancia. ¡Cuidado!


La primera infancia, en particular entre los 3 y los 5 años de edad, es una etapa fundamental dentro de la sexualidad de una persona, y la actitud tranquila y cercana de los padres será clave para que el niño se desarrolle sanamente.


¡Qué importante es enseñar a los hijos la fundamental capacidad de saberse tranquilizar! Educar la calma no quiere decir que le quites a un niño la hermosa inquietud y – en ocasiones – hiperactividad de la infancia. ¿Qué significa entonces?


Las estadísticas mundiales muestran que los índices de adopción bajan conforme aumenta la edad del niño a adoptar, lo que es una tremenda lástima, ya que muchas parejas se pierden de sumar a la familia a un pequeño en una de las mejores etapas de la infancia.


Dos situaciones nos hacen revivir la experiencia del pasado, concretamente, de la infancia: nuestra relación de pareja y nuestra relación con los hijos. Cuando la historia no fue buena, los sufrimientos vividos entonces nos obstaculizan nuestro presente… ¿cómo construirse un destino feliz?


Definitivamente es una de las experiencias de mayor impacto en el desarrollo infantil. Padre y madre son indispensables para la formación íntegra de los hijos, y cuando se debe crecer sin uno de ellos, se nota su ausencia en el niño de distintas maneras: en la seguridad en sí mismo, en su forma de resolver problemas, en la manera de escoger pareja cuando es adulto.


Aunque a veces queremos que nuestros hijos permanezcan pequeños, alegres e inocentes, la verdad es que los años pasan rápidamente y, sin darnos cuenta, un día son unos jóvenes a punto de salir al mundo a construir su propio destino. Por esta razón, es indispensable estar siempre conscientes de la formación que les estamos dando en la infancia, enseñándoles buenos hábitos y fortaleciendo sus valores, para que sea a partir de la adolescencia que podamos empezar a notar los resultados de nuestro esfuerzo.


Crecer y convertirse en adulto es un proceso difícil de asimilar. Tristemente, creemos que el perder la inocencia, ingenuidad y espontaneidad propias de la infancia, es lo que significa ser maduro. Y nada está más lejos de la realidad. Endurecer las formas y volverse desconfiado no es madurar. La vida adulta se define por el conocimiento y control que tenemos de nosotros mismos, así como de nuestra capacidad para tomar decisiones inteligentes.


El saber que lo que sucedió en la infancia no determina nuestro futuro, de hecho nos libera y nos otorga poder para poder construir un matrimonio unido y feliz, una relación familiar estable y una vida más trascendente y plena.


¿Cuál es la mejor medida preventiva para establecer una buena relación con los hijos? A pesar de las dificultades de los primeros años y la adolescencia, debemos esforzarnos por establecer un buen vínculo con nuestros hijos. ¿Cómo lograr que quieran que estemos cercanos y presentes en su vida?