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No creo que haya un padre que no quiera que sus hijos sean resilientes, capaces de resistir las dificultades de la vida, y asertivos, que puedan tener metas claras y se dirijan a alcanzarlas. ¿Cuándo y cómo se educan estas aptitudes tan fundamentales?


¡Suelta la galleta! Mantener una dieta, hacer ejercicio constante, no fallar con el propósito que te prometiste realizar… Todas estas y otras más son pruebas durísimas para nuestra voluntad. ¿Cómo le hacemos para cumplir las metas que queremos alcanzar? En este episodio propongo algunas ideas.


Sucede cuando determinamos lo que podrá hacernos felices: un título universitario, vivir en otro país, tener determinado puesto, estar casado… Y una vez que tenemos definido lo que traerá consigo mucha felicidad, ponemos todos los obstáculos para no alcanzar esa meta, culpando de nuestra desgracia a las circunstancias que nos rodean. Es un círculo vicioso que logra justo el objetivo opuesto a lo que buscábamos: nunca somos felices.


El esfuerzo es lo que verdaderamente hace meritorio un logro, y el que nos permite disfrutar al alcanzar una meta. Curiosamente, también es lo que nos hace ir por más: cuando se obtiene un objetivo, nos sentimos con la confianza y seguridad necesaria para intentar lo siguiente, y en este camino solemos sorprendernos al descubrir que tenemos más capacidades que las que habíamos considerado inicialmente.


Las soluciones inmediatas ocurren rara vez, y sólo para circunstancias muy específicas. Generalmente, para obtener resultados positivos y permanentes, es necesario tiempo, constancia y paciencia. Así que se debe estar absolutamente claro de lo que queremos lograr, para después planear la manera en que obtendremos las consecuencias que esperamos. Una vez que implementamos la estrategia, hay que mantenerse firme.


Es prácticamente una tradición establecer, cada fin de año, metas a alcanzar durante los siguientes 365 días. Y es también ampliamente conocido el hecho de que, con gran frecuencia, estas metas no siempre se alcanzan. Entonces, ¿por qué esté afán de repetir esta rutina cada año? Y si lo vamos a hacer, ¿existe alguna manera en la que es posible lograr los objetivos propuestos? Por supuesto, los famosos “propósitos de Año Nuevo” reflejan nuestra tendencia natural a mejorar como personas. De ahí su valor y la necesidad de que esta costumbre no desaparezca. Sólo es cuestión de planearlos y manejarlos mejor, para poder cumplirlos.