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Etiqueta: respeto


En esta ocasión le toca a los hijos “mayorcitos”; los adultos y la convivencia con sus padres, que no sólo determina la calidad de su relación, sino también modela el trato que deben recibir quienes merecen el mayor respeto.


Los hijos debes ser siempre educados con profundo cariño. La disciplina es mucho más efectiva cuando se aplica con tranquilidad y amor. Esto, por supuesto, no significa que seamos padres débiles y permisivos. Al contrario. La autoridad debe mantenerse firme y clara y nunca se debe permitir una falta de respeto. En la medida que apliquemos “CARIÑOSA FIRMEZA”, la familia funcionará agradablemente.


Lo curioso es que, cuando damos un buen ejemplo de conducta, el primer beneficiado somos nosotros mismos. Refuerza nuestra autoestima, nos da seguridad, la imagen positiva que transmitimos nos hace receptores de buen trato y respeto. No son ganancias menores. Además, por supuesto, damos testimonio de que un comportamiento intachable es posible y podemos ser motivo de inspiración para que otros actúen de la misma manera.


“¡No tienes derecho a revisar mis cosas!” ¿Hasta dónde verdaderamente tenemos derecho, o no, para buscar “evidencia” de algo que nos preocupa? ¿Hay circunstancias en donde esto es válido o siempre está mal que lo hagamos? Antes de decidir hacer algo así, es importante que tengamos claro los criterios en los que nos basaremos para investigar más a fondo las actividades, espacios o pertenencias de nuestros seres queridos.


Hay posiciones que merecen respeto en sí mismas: las figuras de autoridad, por ejemplo. Y sabemos que todo ser humano DEBE ser tratado con respeto. Pero también sabemos que en muchas ocasiones una persona es tratada con más deferencia que otra, que sus opiniones tienen mucho peso para un grupo determinado y que, en general, es admirada en el círculo en donde se mueve. ¿Cuál es su “secreto”? ¿Cómo podemos tener el respeto de los demás y por nosotros mismos?


Es una de las características más fácilmente encontrada en las personas. Se ha dicho, con razón, que es una falta de respeto por el que espera, pero en esta ocasión, quiero agregar un aspecto importante, para considerarlo seriamente la próxima vez que lleguemos tarde a un evento: la impuntualidad es un asunto de control, una lucha de poder; un acto de rebeldía que al que más perjudica, es al impuntual.


El sólo hecho de existir le da a la persona derecho a ser tratada con dignidad y respeto. Lo mínimo que se espera de nuestro comportamiento, es la educación y el buen trato, incluso con personas con las que no estamos de acuerdo. Estamos obligados, como seres humanos, a defender al que sufre una injusticia, al desvalido, al débil que requiere de nuestro apoyo para salir adelante, los derechos humanos en general. ¿Estamos listos para hacerlo?


Uno de los grandes mitos del matrimonio es que una pareja feliz está siempre de acuerdo en cómo hacer las cosas. Nada está más alejado de la verdad. Es frecuente que suceda lo contrario: cada quien hace las cosas a su manera. La diferencia entre una relación feliz y una que no lo es, no reside en que hagan lo mismo, sino en ser complementario, en el respeto que reciben el uno de la otra, de hacer las cosas a su particular estilo.  


Nadie tiene la obligación de amar a una persona. El amor hay que ganárselo. Una amistad, un noviazgo, un matrimonio, no nos da el derecho a ser amados. Estamos obligados a dar y a recibir respeto y un trato digno, pero nada más. Así que no sólo debemos de agradecer siempre el que alguien nos quiera, sino que todos los días debemos de hacernos amables… ¿qué estas haciendo HOY para merecer ser amado?


Con frecuencia, el término tolerancia se refiere a una capacidad de soportar: “¿Cuánto dolor puedes tolerar?”.  Sin embargo, al hablar de personas, no debería implicarse lo molesto que nos resulta el encuentro con el otro. La verdadera aceptación se logra al respetar a cada individuo como valioso e irremplazable.



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