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Establecer límites es una de los componentes más importantes de tu estrategia educativa. Deben de estipularse de una manera en que se puedan cumplir y que enseñen cosas importantes para la vida… ¡todo un arte!


Si permites que quienes te rodean o incluso tus circunstancias sean las que defina quién eres, estarás limitando las posibilidades de tu vida. Siempre recuerda esto: «Yo me defino». ¡No te pierdas este episodio! #Yomedefino, #idefineme.


Muchos padres se sienten confundidos a la hora de poner límites a sus hijos adolescentes. Esta etapa es de rebeldía en mayor o menor grado, ¿cómo saber si las reglas están bien o son exageradas? Revista:   Sonríe Mamá. Edición:  septiembre-octubre de 2017. Autor:     Mónica Bulnes de Lara.


La vida social es una de las actividades fundamentales para el sano desarrollo de cualquier persona, por lo que no deberíamos de prohibirla. Sin embargo, es muy importante que, por el bien de los jóvenes, sea adecuadamente regulada.


La adolescencia es una época en la que se ponen a prueba los límites que los padres han establecido desde la infancia; es la etapa de conocer el mundo y vivir experiencias nuevas y gradualmente más independientes. Pero, como todo, sin control las consecuencias pueden ser muy serias.


La tele, los videojuegos, la computadora… Todos estos aparatos son un arma de dos filos. Por un lado son un gran entretenimiento, se aprenden ciertas habilidades y, para los padres, son momentos de tranquilidad mientras el hijo está distraído. Pero por otra parte, cuando no hay límites en los tiempos en que se usan, cuando no hay lineamentos en lo que pueden ver o jugar, y lo que no, pagamos las consecuencias.


En ocasiones, parece que no podemos distinguir lo que es una buena formación y lo que es resguardar los derechos de los niños. Los límites que establecemos son confusos y flexibles, haciendo que asuman más poder que el que realmente pueden manejar. En estos casos, por su bien, debemos ser más estrictos. Sin embargo, en otras situaciones, nos olvidamos por completo de lo que los pequeños requieren y que por justicia les corresponde. Aquí es otra la estrategia a seguir.


Cuando un hijo llega a la edad adulta ya debe de tener las herramientas básicas para construirse un buen destino, autónoma e independientemente. Sin embargo, los lineamientos no son tan claros cuando los hijos adultos aún viven en la casa de sus padres. Como la relación con ellos ya no es la misma que cuando era un menor, suelen haber discusiones por las diferencias de opinión sobre distintos temas. Es importante mantener nuestro rol de padres para fijar claras las reglas.


Es de vital importancia estar cercanos a los hijos. De esto depende gran parte de nuestra capacidad formativa. Esto no significa que no podemos establecer límites claros que les permitan conocer hasta donde pueden llegar. Cuando nuestro interés por ser “amigo de mi hijo” es mayor que nuestras convicciones y principios, hemos dejado de cumplir con nuestra labor de padres de familia.  



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