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Etiqueta: relación de pareja


Evidentemente, al tratarse de una relación de dos individuos, las diferencias en una pareja suelen ser muchas. ¿Qué hacer cuando uno es más desordenado que el otro? El mejor matrimonio no es el que se parece más entre sí, sino el que reconoce y aprovecha lo que tiene el otro que él mismo carece. El complemento – y la felicidad – se da en la diferencia.  


Una de las cosas que afectan más a una relación de pareja son los celos, infundados o no. Cuando este nefasto sentimiento se cuela en nuestra vida, es necesario tomar las decisiones adecuadas para deshacernos de él lo antes posible. Desde luego, las opciones suelen ser desagradables y difíciles, en la mayoría de los casos, pero si no se manejan con la eficacia necesaria, acabará con nuestra tranquilidad, con nuestra salud – mental y física – y, finalmente, con la misma relación que tratábamos de proteger.


En muchas ocasiones, no nos damos cuenta de las capacidades que una persona tiene para modificar las cosas. La mujer es el centro del hogar. Si ella está de buenas y dispuesta a no perder el control, no habrá mal humor o circunstancia que desmejore el ambiente familiar. Si ella abandona y se deja vencer por una situación negativa, cada uno de los miembros de la familia sufrirá las consecuencias. El estar conciente del poder femenino dentro de la relación de pareja, ayuda en el proceso de cambiar la manera en la que enfrentamos y solucionamos los problemas.


SIEMPRE nos comunicamos. No hay momento de nuestra vida en el que no transmitamos algún mensaje. A veces es con palabras, a veces con actitudes, a veces sólo con algún gesto. Pero siempre decimos algo. Es ahí donde está el “truco” en una relación de pareja. No siempre tenemos buena comunicación; muchas veces porque no queremos escuchar lo que nos están diciendo o porque no queremos aceptar lo que decimos de mil maneras diferentes. Pero es sólo hablando con claridad, que nuestra relación tiene alguna esperanza de mejorar para lograr un matrimonio duradero y feliz.


Las relaciones sexuales tienen un valor primordial en la relación matrimonial. Los años, los hijos y las actividades cotidianas no deben de usarse como excusas para descuidar este aspecto tan importante de la pareja. Al contrario, cuando se mantiene activa y divertida la vida sexual de los cónyuges, el resto de las áreas de la vida compartida cobran un nuevo sentido, y suele tenerse un mayor cuidado de no dañar la calidad de la relación, mostrando mayor preocupación por el bienestar del otro, fortaleciendo el matrimonio hasta el punto en que, paradójicamente, la relación sexual – nunca descuidada – cobra menor importancia.


La rutina y la monotonía suelen ser causas poderosas para la terminación de un matrimonio. A simple vista, no pasa nada. En algunos momentos, la pareja da la impresión de estar unida y feliz. Sin embargo, la lenta muerte del amor que sienten entre ellos se hace evidente con la disminución de las conversaciones, con el menor interés en las actividades del otro y, lo peor, la pérdida absoluta de la disposición para luchar por su relación. ¿Hay esperanza para el matrimonio que sufre del desgaste natural de una convivencia prolongada? ¿Se puede recuperar la “chispa” y el entusiasmo de una pareja que se conoce todos los defectos y manías?


Mamitis, papitis, familitis… ¿Por qué hay personas que, a pesar de haber llegado hace mucho tiempo a la edad adulta, no pueden desprenderse de su familia de origen? ¿Cómo sobrellevar los problemas matrimoniales que provoca el que nuestra pareja mantenga firme el “cordón umbilical”?


Parece evidente quién es la “víctima” y quién el “victimario” cuando ocurre una infidelidad, y sin embargo, a pesar de que nunca puede justificarse un engaño tan serio, es indispensable que podamos reconocer las razones que pudieron provocar dicha situación. Además de la aceptación de la falta y la sincera intención de mejorar la relación por parte del infiel, esta será una condición necesaria para lograr la reconstrucción de un matrimonio.


“Yo ya cuidé a los hijos todo el día, ahora te toca a ti”. “Yo siempre soy el que la busco en las relaciones sexuales, ella debería de iniciarlas de vez en cuando…” Estas y muchas otras frases similares se comentan con frecuencia en una pareja, pero ¿es realmente adecuado esperar que un matrimonio divida en partes iguales las responsabilidades del hogar y de la relación?


Ante problemas serios, es difícil saber cuánto tiempo, esfuerzo e incluso a veces dinero, invertir en el rescate de nuestra relación. ¿Cuándo vale la pena luchar y cuándo lo mejor es terminar algo que seguramente no tendrá solución? El programa de hoy analiza algunos lineamientos que pueden orientarnos a tomar la mejor decisión para nuestro matrimonio.



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